Un recorrido entre normas cambiantes, vencimientos implacables y sistemas que prometen simplificarlo todo, pero muchas veces agregan otra puerta al laberinto. Una reflexión sobre el contador real: el que interpreta, ordena y sostiene el hilo para que otros puedan salir.

Hace unos días visité un laberinto en un parque. Entré casi como un juego, con esa confianza absurda de quien cree que encontrar la salida será cuestión de unos minutos. Pero después de un rato empecé a dar vueltas, volvía a pasar por lugares que ya había visto. Elegía un camino y terminaba en una pared. Retrocedía, doblaba, insistía, y cada supuesta salida parecía llevarme a otro pasillo.
Finalmente salí. O al menos eso creí.
Porque mientras caminaba hacia afuera no pude evitar pensar que el laberinto no era solo el del parque. También estaba el nuestro. El de todos los días.
El laberinto del contador.
Un laberinto hecho de vencimientos, resoluciones, aplicativos, fiscalizaciones, paritarias, convenios colectivos, cargas sociales, declaraciones juradas, reclamos de clientes y cambios normativos que parecen no terminar nunca.
Y mientras subía por las escaleras para ver los pasadisos desde arriba, vino inevitablemente en mi mente El general en su laberinto. En la novela de García Márquez, Bolívar ya no es el héroe de los monumentos, sino un hombre cansado, enfermo, lúcido y rodeado de frustraciones. Algo parecido podría decirse del contador, no ese profesional prolijo, sereno y exacto que aparece en el imaginario, sino el profesional real, el que todos los días atraviesa su propio laberinto.
El contador también tiene su río Magdalena, ese recorrido largo, denso, lleno de obstáculos, donde cada tramo trae una nueva exigencia. Cuando cree que llegó al final de una tarea, aparece una nueva reglamentación. Cuando termina una liquidación, cambia la escala salarial. Cuando presenta una declaración jurada, aparece una rectificativa. Cuando aprende un sistema, lo reemplazan por otro.
Pero el punto más interesante no es sólo el cansancio. Es la tensión entre el contador idealizado y el contador real.
El contador idealizado es el del equilibrio, el orden, los números exactos, la agenda prolija y la respuesta segura.
El contador real, en cambio, muchas veces trabaja entre la urgencia y la incertidumbre. Tiene que interpretar normas mal redactadas, explicar cambios que ni los propios organismos terminan de aclarar, contener clientes ansiosos y tomar decisiones prácticas en medio de zonas grises y oscuras.
Ahí aparece el verdadero laberinto, no es sólo técnico. También es emocional, profesional y ético.
Porque el contador no sólo calcula, también traduce, ordena, advierte, interpreta. Decide cuándo decir “esto se puede”, cuándo decir “esto es riesgoso” y cuándo plantarse frente a un cliente que solo quiere una solución rápida.
Y en ese punto el laberinto se vuelve más borgiano. No porque tenga muros de piedra, sino porque se multiplica en pasillos invisibles, leyes, decretos, resoluciones circulares, aplicativos imposibles, convenios arcaicos, escalas cambiantes, regímenes innumerables, vencimientos que se superponen y sistemas que prometen una salida, pero sólo agregan una puerta más al laberinto.
Cada norma parece conducir a otra norma, cada artículo a un inciso, cada inciso a una excepción, cada excepción a una interpretación. Y cada interpretación, muchas veces, a una nueva duda.
Borges escribió que “la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres”. Tal vez por eso incomoda tanto cuando la administración, las normas o los sistemas parecen reclamar para sí ese privilegio divino, confundir, oscurecer, multiplicar caminos, como si el contribuyente y el profesional debieran aceptar la complejidad como una forma inevitable del destino.
Como en la biblioteca que custodiaba Jorge de Burgos, el saber no desaparece, se esconde. No detrás de muros medievales ni bajo la custodia de monjes silenciosos, sino entre dictámenes, actas, resoluciones, manuales, claves, pantallas y criterios administrativos. La respuesta existe, pero rara vez se ofrece limpia. Hay que buscarla, descifrarla, discutirla, sospecharla.
El contador trabaja en ese laberinto. No como dueño de la verdad, sino como intérprete. No para aumentar la confusión, sino para reducirla. No para celebrar la maraña, sino para encontrarle una lógica posible.
Y, como el general, muchas veces carga con una contradicción, sostiene estructuras que no controla. El contador no dicta las leyes, pero debe explicarlas. No diseña los aplicativos, pero debe usarlos. No fija los vencimientos, pero debe cumplirlos. No acuerda las paritarias, pero debe liquidarlas. No crea la inflación, pero debe medir sus efectos.
El laberinto del contador es ese, estar en el centro de un sistema que cambia todo el tiempo, pero del que se espera precisión absoluta.
Por eso, quizá, el peor laberinto no es aquel en el que nos perdemos. Es el que nos hace creer que salimos.
La salida, muchas veces, no es una salida. Es otro pasillo, otra bifurcación, otra forma de empezar de nuevo. Pero aun así, el contador sigue.
Sigue porque alguien tiene que leer la norma, ordenar el dato, interpretar el sistema, explicar el riesgo, encontrar la diferencia y advertir el problema antes de que sea demasiado tarde.
El contador no está perdido en el laberinto. Muchas veces, es quien sostiene el hilo para que otros puedan salir.



Excelente comentario sobre lo que quiero agregar que somos la única profesión liberal que se mantiene desregulada en lo económico desde los 90… Los consejos de cada provincia tienen una escala sugerida de
muy difícil cobro. Esto no ocurre en las demás profesiones y en la práctica lleva a una canibalización horrible entre colegas de los honorarios, La FACPCE y los Consejos Provinciales … Bien gracias solo se limitan a cobrar sus aportes al matriculado.
Definicion clarisima de lo que nos pasa normalmente, gracias Ignacio por acompañar en este LABERINTO de leyes, emociones, desvelos
Estamos sumergidos en un cuento de Kafka, tal vez, de alguna manera, en El Proceso.
Totalmente, es un laberinto Kafkiano
Por fin alguien que se digna de exponer la realidad y no se queda en el absurdo de querer demostrar que esto solo le pasa al resto.-
Triste realidad y una buena nota para mostrar en el curso de ingreso a las facultades de ciencias economicas, para quienes solo tienen la foto del contador “idealizado”.-
Excelente articulo Ignacio!! Cuando comenzo a realizarse todo por sistemas, tambien pense que no era suficiente recibirse de contador, sino que tambien se deberia estudiar ingenieria en sistema. Recuerdo que lo comente en ex Afip (año 1980, era muy joven),con cdores. bastante mayores que yo y me dieron la razon.
Gracias y felicitaciones !!!
Hola Susana, una visionaria! yo siempre lo dije, parte de nuestras habilidades tiene que ser la tecnología
Excelente nota! Laberintos multicursales que no son para jugar sino para estresarse hasta el límite.
Grande Ignacio, conseguiste definir lo que somos y lo que hacemos; lo voy a difundir entre los clientes y otros colegas, Abrazo
Hola César, gracias! difunda nomás!
Muy linda nota Ignacio. Coincido con vos en que el Contador interpreta constantemente los cambios de normas y se adapta a los cambios de sistemas y aplicativos de forma rápida e incierta.
Permitime agregar que tal vez esto sea cada vez más rápido y no lineal porque la incidencia de la inteligencia artificial promete ser revolucionaria tanto para hacer los trabajos como para generar nuevos.
Debemos desandar un camino sin ninguna certeza pero con la ferviente convicción de que llegaremos a buen puerto.
Saludos
Muchas gracias por tu aporte Gustavo. Si, coincido, el laberinto no solo se vuelve más complejo, también se mueve cada vez más rápido.
La inteligencia artificial seguramente va a transformar muchas tareas, pero también va a exigir más criterio, adaptación y responsabilidad profesional.
Tal vez el desafío sea ese, seguir aprendiendo y sosteniendo el hilo, aun cuando el camino deje de ser lineal.
Excelente Ignacio!! lo voy a compartir!! cumpli 50 años de matriculada tengo algo recorrido en el Laberinto jajaja!! Gracias por todo lo que das a diario!!!
Hola, compartí! Gracias a vos por comentar